Eran sobre las once y cuarenta y cinco de la noche, cuando ya estaba yo tumbado con mis cascos y escuchando algo de música, mientras veía la poca luz de las farolas, que entraba por mi ventana. En ese momento, ya llevaba unos 45 minutos mas o menos relajado en la cama, cuando me incorporé un poco, y dejé encima de la mesita de noche, los cascos y el teléfono móvil, para darme la media vuelta y ponerme a dormir.

     Pensando en lo tarde que era y que al día siguiente había que ir a trabajar, al fin me quedé dormido, o al menos, eso es lo que yo recuerdo, hasta pasadas las tres de la madrugada, cuando de un sobresalto me volví a incorporar y a intentar asimilar lo que me había ocurrido durante al menos tres horas desde que yo recuerdo que decidí dormirme.

     Ni más ni menos, aunque no sé con exactitud el tiempo que duró mi pesadilla, si es que se le puede llamar así, que realicé un viaje hasta la superficie del planeta Saturno, acompañado de un ser extraño, igual extraterrestre, y un ser humano de aproximadamente unos sesenta o sesenta y cinco años de edad aparentemente, en una especie de nave espacial supersónica, que tenia la capacidad de transparentarse a gusto de los señores que me acompañaban.

     A continuación le voy a relatar todo lo que recuerdo de aquella rocambolesca experiencia que me dejó marcado hasta el día de hoy y por qué me eligieron a mi para visitar Saturno.

     Cuando abrí los ojos, frente a mi, había un señor de unos sesenta años de edad, delgado, con el pelo canoso y que hablaba perfectamente en español. A mi derecha y de pie, un ser de aspecto moreno, de aproximadamente un metro y 60 centímetros de altura, que estaba como enfrente de una consola de mandos muy extraños, de los cuales no pude distinguir ninguna clase de botones sobresaliendo, pero si, de muchas luces y una mesa de control, como si se tratase de pantallas led táctiles.

     Yo estaba sentado entre los dos individuos a unos cuatro o cinco metros de distancia en una especie de sillón alargado, pero a su vez, curvo, y solo hacia que mirar a ese ser tan extraño y mudo, mientras escuchaba lo que me iba narrando el señor humano que estaba frente a mi.

     Como dije antes, la nave tenia la capacidad de volver sus paredes transparentes , osea, de pasar a ser una habitación normal con paredes opacas a convertirse en una especie de cristal transparente que dejaba ver todo a su paso. También recuerdo no escuchar ningún tipo de ruido ni vibración y si te ponías de pie, eso ya lo contaré después, tampoco te caías. En definitiva, algo talmente sólido e inerte, como si te pusieses de pie en el suelo de tu propia casa.

     Bien, pues en uno de los momentos, el cual mi sensación fue super rápida, pasemos de estar sobrevolando la Luna, porque esta si que la veía a través de un pequeño monitor, a sobrevolar el planeta Marte en aproximadamente unos siete segundos, dejando al planeta rojo a la derecha de nuestra ubicación. Y no ví el planeta Marte desde cerca porque sí, sino por que el señor humano me lo preguntó. Concretamente me dijo: ¿quieres ver el planeta Marte?, le dije que sí y seguidamente la nave en cuestión de milisegundos se transformo en una gran cúpula de cristal deslumbrándome los ojos ante tal enorme belleza. Amigo mío, le puedo asegurar que Marte es tal y como no lo describen, anaranjado con unas manchas de lo que parecen mares de color mucho más oscuro. Lo que no ví, fueron sus lunas, supongo yo por la tremenda velocidad a la que íbamos viajando.

     Después de dejar Marte atrás, la nave se encaminó directamente hacia el planeta Saturno y ahora ya el resto del camino, de forma translúcida con la que pude ver estrellas y al planeta Saturno cada vez más grande. Si quiere saber cuando tardó la nave en llegar a Saturno desde nuestra Luna, se lo digo, más o menos unos siete minutos, y estoy hablando sobre las inmediaciones, no tocando Tierra saturnina.

     Cuando nos disponíamos a entrar a la superficie del planeta de los anillos, algo llamó poderosamente la atención y es que los anillos de Saturno eran como paneles circulares pero enormes, rodeando al planeta y absorbiendo en la medida de lo posible los rayos del sol para luego transformar esos rayos en energía para el planeta ya que no me diga por qué, porque no lo sé ni lo pregunté, la mitad del planeta siempre está de noche y se tiene que alimentar gracias a esta energía proporcionada por el sol.

     Otra cosa muy peculiar que pude observar, es que para entrar a Saturno, y me refiero a la superficie, hay que pasar un control de seguridad en lo que nosotros llamamos la división de Cassini, si, parece loco pero eso es lo que yo pude comprobar. Digamos que es una especie de escáner para toda nave que entra a Saturno el comprobar algún tipo de cosa que no sabría que es pero que si no se hace esto, no se entra al planeta.

     A estas alturas se estará preguntando que hay en la superficie del planeta Saturno ¿verdad?. Pues le voy a describir lo que yo ví exactamente. Lo que vi, fueron cientos o miles de maquinas pegadas a los edificios y moviendose de arriba hacia abajo, o al menos eso me parecía que eran, edificios, pero miles, y de una altura descomunal y eso que los veía desde la nave, porque nunca llegué a bajar de ella, eso también hay que decirlo. Prosigo, a parte de estas maquinas trabajando pegadas a estos edificios, vi mucha iluminación, como si aquí en la Tierra se tratase de las vegas, y todo suministrado a simple vista por nuestro astro rey, el Sol.

     ¿Cómo es posible todo esto en un planeta que la ciencia asegura que solo se trata de un astro gaseoso e imposible de albergar vida como la conocemos aquí en la Tierra?. Eso mismo me pregunté yo, al fijarme de lo inmenso de las ciudades de allí y no ver a ningún ser orgánico por ninguna parte, solo, luces, estructuras metálicas y maquinas del tipo robot, pero casi todas iguales. Entonces he ahí mi pregunta que da título a esta publicación…¿por qué me eligieron a mi para visitar Saturno?. ¿Qué tenía yo que ver allí?. ¿todo esto fue un sueño o es realidad y lo que ellos quieren es que lo haya contado como lo estoy haciendo ahora mismo en esta publicación?. Quién sabe….

     Pues ya no recuerdo más, solo que cuando vi todo aquello desde lo alto de la nave a través del suelo de la misma, de un sobresalto desperté, miré el reloj y eran exactamente las tres y cuarto de la madrugada. Salí asustado y fascinado a la vez a la cocina, me preparé un café y le di vueltas y vueltas hasta el punto de recordar todo lo que le he expuesto anteriormente en este artículo.

     Esa fue la experiencia más detallada que recuerdo y quizás la primera de un viaje fuera de la Tierra, hacia un planeta distante pero cercano a la vez como es el gran planeta Saturno.

     Amigos, esta es mi experiencia y no recuerdo más, bueno si, pasado el tiempo y sabiendo ustedes a que me dedico, encontré mucha similitud entre el señor humano que me acompañaba con un almirante archiconocido como el mismísimo almirante Richard Byrd, si, el encargado de la misión Hight Jump allá por los años 30 o 40 del siglo pasado.